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Sistemas de Recompensa y Adicciones Alimentarias

La asociación cerebral que establezcamos entre los alimentos y las emociones es determinante, por ello es fundamental aprovechar la plasticidad neuronal durante la infancia.

Estas asociaciones se producen desde el embarazo, ya que el feto es capaz de relacionar sabores con las emociones que la madre le transmite. Por ejemplo si la madre come helado cada vez que está nerviosa o estresada, el bebé asociará el alimento con la emoción correspondiente.

Por ello es fundamental no premiar, castigar, prohibir o obligar con los alimentos, puesto que alteramos la relación natural con los alimentos. Habitualmente el premio y la prohibición suele ser con dulce, causando mayor deseo y apetencia; mientras que cuando se castiga o se obliga suele utilizarse la verdura, causando rechazo y una asociación emocional negativa.

Estas asociaciones que se producen desde pequeños, se ven potenciadas y alteradas por el entorno, siendo más difíciles de controlar en la edad adulta.

El consumo de alimentos altamente calóricos, provoca cambios en la plasticidad neuronal, ya que se produce un desequilibrio en el núcleo accumbens, que es el encargado de controlar la liberación de dopamina. El desequilibrio de este núcleo se debe a la inflamación de esta región cerebral y en la activación de células inmunitarias.

Entonces, ¿es posible volverse adicto a la comida?.

Actualmente es un debate sin respuesta definitiva, pero en las personas con exceso de peso (en torno al 70%)  muestran síntomas de adicción a la comida relacionados a atracones y a sintomatología depresiva.

Se ha observado en estudios que la ingesta de azúcar y grasas tiene una activación de áreas cerebrales muy parecida a la que se produce con las drogas. En el caso del azúcar al igual que otras drogas, cada vez necesitamos consumir más cantidad (aumenta el umbral), provocando ansiedad e incluso depresión, si dejamos de tomarlo.

Por ello es fundamental la calidad de los alimentos para controlar el nivel de saciedad, ya que los alimentos con altos niveles de grasa o muy azucarados (mala calidad) generan menor sensación de saciedad que alimentos ricos en fibra o proteínas. Un ejemplo es que somos capaces de comernos un paquete de galletas o una bolsa de bollos (1200-1500 kcal) y no somos capaces de comernos 15 manzanas de una vez (1200 kcal). Por ello no todas las calorías son iguales y debe prevalecer la calidad sobre la cantidad.

Jose Luis González Higuera

Alimentación Brains

Alimentación Emocional

Hay un vínculo muy estrecho entre las emociones y la alimentación, y es por ello que la alimentación emocional es el momento en el que se relacionan nuestras emociones y nuestra alimentación, es decir, comer a causa de estímulos emocionales.

El comer emocional  es un acto que todo ser humano realiza pero que se convierte en dañino cuando es nuestro mejor recurso para afrontar la vida (refugio).

Primero es necesario distinguir entre comedores emocionales y compulsivos; siendo los primeros los que aumentan la ingesta de dulces y comidas grasas, mientras que los comedores compulsivos aumentan la ingesta de todo tipo de alimentos sin distinciones.

Basándonos en la definición de Perpiñá (2015) si hablamos de adicción a la comida, hay que fijarse en la importancia de la ingesta ligada a las emociones, siendo la comida una sustancia que regula tanto las emociones positivas como las negativas.

La ingesta se ve afectada por distintos factores:

  1. Las características propias del alimento y el deseo que provocan (Preferencias y Rechazos).
  2. ”Cierre del estómago” ante emociones intensas.
  3. Ante emociones moderadas suprimimos la alimentación o por el contrario aumentamos la cantidad (atracones).

Por lo tanto, ¿sería negativa la relación comida-emoción?.

No, la clave está en como gestionamos esa relación, ya que solemos alejarnos de un aprendizaje adecuado. Desde que somos bebés ya se gesta esta relación, puesto que a través de la lactancia (alimentación) y el contacto con su cuidador, el bebé se calma (emoción).

Los factores que influyen en el mal aprendizaje son los refuerzos con comida (premios), las comidas como alivio (para calmar emociones), el marketing publicitario (dibujos, regalos, colores…).

En definitiva, mientras la comida sea nuestra única herramienta para calmar nuestras emociones, difícilmente aprenderemos.

Pero entonces, ¿cómo gestionamos esta situación?      

El principio es identificar si es alimentación emocional, distinguiendo entre hambre real/fisiológica o psicológica/apetito/emocional.

Además debemos de apoderarnos de herramientas que nos permitan enfrentarnos a los problemas sin recurrir a la comida, tales como hacer ejercicio (libera dopamina) o actividades lúdicas (aficiones)

No es un tema de alimentos prohibidos, sino de que la comida sea eso, comida, y que los premios sean ociosos (familia, cine, deporte).

Habitualmente los alimentos utilizados como herramienta suelen ser dulces e hidratos de carbono.

Por lo tanto, la solución es tener más herramientas para enfrentarse a esa situación emocional, y que la alimentación sea un acompañamiento y no la única herramienta de afrontamiento

La característica fundamental del comer emocional no es la comida en sí, sino la causa o la búsqueda de una solución a una emoción no gestionada.

Jose Luis González Higuera